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Cómo publicar tu música en Spotify y en el resto de plataformas

No se sube directamente: hace falta una distribuidora. Pero antes están el máster, la portada, los metadatos y un calendario que casi todo el mundo se salta. Lo que hay que tener listo y con cuánto tiempo.

3 min de lectura

Publicar una canción en Spotify es, técnicamente, muy fácil. Publicarla bien —con los créditos correctos, en el momento adecuado y con opciones de que alguien la escuche— es otra cosa, y es donde se pierde casi todo el mundo la primera vez.

Esta es la ruta completa, en el orden en que hay que hacerla.

1. No puedes subirla tú: necesitas una distribuidora

Spotify no acepta subidas directas de artistas. Entre tu canción y la plataforma hay siempre una distribuidora digital (o agregadora): DistroKid, TuneCore, CD Baby, LANDR, SonoSuite y unas cuantas más. Ellas entregan el audio y los metadatos a Spotify, Apple Music, Amazon, YouTube Music, TikTok y el resto, y después te liquidan lo que generes.

Hay dos modelos de precio y conviene elegir con la cabeza: cuota anual con lanzamientos ilimitados (suele salir a cuenta si publicas a menudo) o pago por lanzamiento (mejor si sacas un single al año). A fecha de hoy las tarifas anuales del primer grupo se mueven en el entorno de los 20-30 € al año. Algunas se quedan un porcentaje de las regalías; otras, no. Lee esa línea antes de firmar nada.

2. El máster: los requisitos que sí importan

Lo que subes no es el MP3 que le pasas a tus amigos. Los mínimos técnicos con los que trabaja la industria:

  • Formato: WAV o FLAC sin comprimir. Nada de MP3.
  • Frecuencia de muestreo: 44,1 kHz como mínimo; 48 kHz recomendado.
  • Profundidad: 16 bits mínimo; 24 bits recomendado.
  • Volumen: Spotify normaliza a −14 LUFS integrados. Si tu mezcla va mucho más caliente, la plataforma la baja igual y solo habrás perdido dinámica por el camino.

Ese último punto se ignora constantemente y es el que más daño hace: la guerra del volumen la perdiste antes de empezar, porque la gana el normalizador.

3. La portada y los metadatos

La portada tiene que ser cuadrada y de al menos 3.000 × 3.000 píxeles, sin logos de plataformas, sin URLs y sin texto promocional («nuevo single», «disponible ya»). Si lleva una foto que no es tuya, necesitas permiso: las plataformas rechazan lanzamientos por esto.

Y los metadatos, que son lo que nadie revisa y luego no hay manera de arreglar:

  • Nombre exacto del artista, siempre escrito igual. Un acento de más crea un perfil nuevo y parte tus oyentes en dos.
  • Compositores y letristas completos, con sus porcentajes acordados por escrito antes de publicar. Eso es un split sheet y evita el 90 % de los líos.
  • ISRC (identifica cada grabación) y UPC (identifica el lanzamiento). Normalmente los genera la distribuidora; si ya los tienes, no dupliques.
  • Colaboraciones acreditadas en el título como «feat.», no en la portada.

4. El calendario: por qué tres semanas antes, y no el viernes

El error más caro es también el más frecuente: subirla el martes para que salga el viernes. Lo razonable es entregar a la distribuidora entre tres y cuatro semanas antes de la fecha de lanzamiento. Dos motivos, y ninguno es burocrático:

  • Las plataformas necesitan tiempo para procesar el lanzamiento y que salga el mismo día en todas.
  • Solo puedes pitchear a las editoriales de Spotify una canción que todavía no ha salido, desde Spotify for Artists. La recomendación oficial es hacerlo con al menos una semana de antelación; en la práctica, cuanto antes mejor. Ese formulario es la única vía directa que tienes al equipo editorial.

Reclama de paso tu perfil en Spotify for Artists (y en Apple Music for Artists): sin eso no controlas ni tu foto, ni tu biografía, ni ves de dónde vienen tus oyentes.

5. Y el día de después

Publicar no es un final, es el día uno. Las primeras 24-48 horas mueven los algoritmos de descubrimiento, así que ten preparado dónde va a escucharla la gente: tus redes, tu lista de correo, los medios a los que se la vayas a mandar —con la nota de prensa hecha, no con un «hola, te paso mi canción»— y el directo.

Cuando lo anterior se te quede grande es cuando tiene sentido plantearse si te conviene trabajar con un sello. No antes: primero hay que tener canciones y un plan.

¿Y si prefieres no hacerlo solo?